5 consejos para evitar criar hijos delincuentes

5 consejos para evitar que tus hijos se vuelvan delincuentes

En alguna ocasión leí que todos tenemos durante la vida ciertos momentos de locura donde no medimos las palabras ni las acciones y podemos cometer errores imperdonables y lo excusamos bajo el argumento de que se nos pasó la mano.

Se nos pasa la mano como padres cuando nuestros hijos dicen frente a nosotros alguna palabra altisonante y la celebramos con una sonora carcajada, cuando en realidad ese puede ser el momento de locura que detonará muchos otros más.

El momento en el que como padres nos olvidamos de hablar directamente con nuestros hijos, ganarnos su confianza y poner límites en los momentos precisos y sin miramientos.

Toda la violencia que se padece, empezó en un hogar. Ahí se forjan personas amables o déspotas, honestos o corruptos, sinceros o mentirosos y amorosos o violentos. En el pasado siempre hay algo o alguien que fue el autor intelectual de tener hijos capaces de cometer las perores atrocidades y dañar irremediablemente la vida de miles de personas, simple y sencillamente porque como padres se les paso la mano por buenos, ausentes, indiferentes o consecuentes.

Buen momento para analizar qué estamos haciendo para fomentar el amor y evitar la violencia en familia.

La madre Teresa, en varias ocasiones, utilizó una frase que me llega profundamente:

Probablemente lo que hago es apenas como una gota en el océano, pero sin esa gota al océano le faltaría algo.

Por eso te comparto 5 consejos para evitar ser partícipes en la formación de hijos delincuentes:

1. Controlemos y manejemos asertivamente nuestra ira

Reconozco que todos tenemos el derecho de expresar lo que sentimos y que el enojo es una emoción natural, pero ¡hay niveles!

El problema no es el enojo, sino cómo me enojo y delante de quién lo hago. Es la forma en la que, ya por hábito, tendemos a explotar por todo y por nada. Golpeamos puertas, herimos con la palabra, maldecimos y no falta quien dañe físicamente a quienes más quieren. Lo más terrible de este tipo de acciones es que siempre habrá más de un par de ojos observando nuestra forma iracunda de reaccionar y, probablemente somos sin saber, ejemplos a seguir.

2. Controlemos las ganas de quejarnos continuamente

Entre más me quejo, más formo una energía negativa en mi ambiente que tarde que temprano contagia a todos a mi alrededor. Contagiamos de amargura y mala vibra a quienes nos rodean y fomentamos, sin querer, la cultura de la mediocridad de vida. Reconozco que todos tenemos motivos para quejarnos, pero saber dónde, cómo y con quién es lo que marca la diferencia.

3. Evitemos palabras y acciones basadas en la mentira

Mi padre me decía frecuentemente que el que miente en lo pequeño, puede mentir en lo trascendente. Con qué facilidad podemos mentir para salir de un problema simple y con esa misma facilidad podemos acostumbrarnos a utilizar la mentira para todo. Mentir es un acto basado en la deshonestidad y vale más decir una verdad sutil que una mentira piadosa. Querer aparentar lo que no es y lo que no somos es aprendido desde los primeros años.

4. Evitemos evadir nuestras responsabilidades

Desde niños tenemos responsabilidades y evadirlas continuamente es el primer paso para la actitud mediocre.

Así como existen padres desconsiderados que explotan a sus hijos trabajando o pidiendo limosna para su beneficio, hay quienes causan daños mayores al darles todo lo que piden o exigen. ¡Las cosas se ganan!, decía mi abuela continuamente. ¡La ociosidad es la madre de todos los males!

Entiendo que mucho ha tenido que ver las pocas oportunidades que hay para que existan miles “ninis” que se convierten en presas fáciles para participar en la delincuencia, pero también sé que de entre esos miles existen quienes por irresponsabilidad de sus padres y de ellos mismos están como rémoras de sus mismos padres o de la sociedad. La responsabilidad se fomenta en el día a día, diciendo claramente que se espera de cada quien y si no se cumple, se limitan los beneficios y punto.

5. No justifiquemos continuamente la mediocridad y el mal comportamiento

He sido testigo en varias ocasiones de justificaciones increíbles de madres o padres que defienden a capa y espada a sus hijos agresores en la escuela. A niños que desde pequeños muestran agresividad en sus acciones y justifican con frases como: es la adolescencia, es que no vive con su papá, es que trabajo todo el día por eso es así, es que todos los profesores que ha tenido no le han sabido enseñar y han sido injustos con él, por eso reprueba siempre, es que los amigos de la cuadra son los que lo sonsacaron.

Excusas más o excusas menos pero justificamos continuamente a quienes desde el principio muestran señales de que algo anda mal en sus vidas.

Me duele la indiferencia en la familia, la corrupción e impunidad que vivimos, el exceso de basura visual a la que nuestros hijos están expuestos tanto en televisión como en internet, y la poca responsabilidad que manifiestan quienes tenemos la gran fortuna de formar hombres y mujeres de bien.

Este es un buen momento para hacernos más conscientes de la labor que todos tenemos. A ser profesionales en lo que hacemos incluyendo en formar una familia con valores y virtudes de los que en un futuro nos sintamos orgullosos.

Sé que todo esto pasará porque tengo una fe inquebrantable y fomento diariamente en mí la actitud positiva. Pero sé también que todos tenemos que pregonar con el ejemplo para fomentar una cultura basada en el amor que todos merecemos.

¡Ánimo!
Hasta la próxima.