Aun sigo Vivo

Aun sigo Vivo

Era una linda mañana de verano, y desde mi habitación escuché como todos en casa entusiasmados corrían de un lado a otro, haciendo preparativos para disfrutar de un día de campo, pues eran vacaciones y todos mis hijos y mis nietos se habían reunido para ir juntos de paseo.

Presuroso, empecé a preparar mis cosas, gustoso me puse mis pantalones cortos, mi camisa, y todo lo necesario para disfrutar del campo y del lago. Sabía que debía apurarme, pues ya todos estaban casi listos y desde mi ventana miré como los vehículos de mis hijos estaban listos para partir, con el asador, mesas y sillas para el campo, hasta el perro estaba en la parte trasera de uno de los vehículos; me apuré lo más que pude, y al estar abrochándome las agujetas de mis tenis, escuché el encendido de los motores, a como pude, recuerdo, corrí hasta la cochera, y sólo alcance a ver cuando uno de mis nietos, desde la ventanilla del vehiculo me gritaba “adiós, abuelo. . . adiós”, . . los vi hasta que se perdieron al final de la calle, y también les dije. . . “adiós”. Ese día fue muy triste para mí, pues mi corazón estaba feliz de pensar que disfrutaría un buen día de campo con mis hijos y mis nietos, juntos todos, eso hubiera aliviado en mucho mi pena de varios años por la pérdida de mi amada esposa, algo que me dejó vulnerable, y aún más al tener que dejar nuestra bella casa en la que vivíamos juntos tantos año; pues mis hijos decidieron que no podía vivir solo y que además esa casa era demasiado grande para mí, y terminé vendiéndola y repartiéndole a cada uno de ellos la ganancia y desde entonces vivo con mi hijo mayor, quien muy amable me construyó un cuartito en la parte trasera de su casa. No comprendo qué fue lo que pasó, quizá pensaron que estaba dormido, y no quisieron molestarme, o quizá simplemente ya no había espacio para mí en los coches; no lo sé, sólo sé que la gran alegría que tuve hace unos momentos, al pensar que disfrutaría un día maravilloso con mí familia, ahora es un gran dolor que me lastima inmensamente, aún. No supe qué pensar, mis sentimientos eran encontrados, por un lado sentí coraje, tristeza, decepción, pero en todo caso fue algo que me deprimió enormemente; sentí mí pecho oprimido, y aún hoy sigue igual. Es cierto que no me invitaron, pero suponía que estaba invitado, fue un tema de toda esa semana y todos comentaban de ello. Supongo que les llegué a aburrir, qué más, a los 75 años una persona creo que es poco atractiva en todo sentido; ya lo veía venir, mis nietos reprochaban entre risas que repetía y repetía mis vivencias, pero sólo quería enseñar! y hasta mi hijo alguna vez sugirió que mi vida tendría mayor calidad en un asilo, que mi vida sería más llevadera, “entre iguales a mi”, dijo, “¿entre viejos como yo?”, me atreví a decirle. Quizás no entiende que simplemente quería y quiero estar con la familia que procree con mí mujer. No sé qué pensar de todo esto que aquel día se me reveló tan abrupta y tristemente para mi, y que hoy me sigue haciendo tan desdichado, quizás…quizás tantas cosas…pero no puedo engañarme a mi mismo, me empiezo a volver invisible ante sus ojos, pero… aún estoy aquí, aún vivo, soy una persona, soy su familia. Solía complacer a mis hijos cuando niños, me esforcé tanto siempre para complacerlos, y ahora, ahora no podía negarles complacerlos una última vez, entré en este asilo, ahora, estoy “entre iguales a mi”, entre viejos; con esto esperamos calmar el ansia de cada una de nuestras familias por mantenernos alejados de ellos, aquí esperamos la muerte, en nuestra soledad.

Zenaido.
En nuestra sociedad moderna mexicana, existe un desconocimiento casi total de los derechos especiales y generales de que gozan las personas de la tercera edad; derechos que leyes especiales han recogido esencialmente para la protección y cuidado de este sector de la sociedad comúnmente ignorado y por lo mismo vulnerable.

En el plano nacional, está en vigor la Ley de los Derechos de las personas mayores, la cuál aplica para cada uno de los Estados de la Republica Mexicana.

Esta Ley tiene por objeto garantizar el ejercicio de los derechos de las personas adultas mayores, así como establecer las bases y disposiciones para su cumplimiento. (Art. 1)

Se entiende por persona de la tercera edad, aquella que tenga más de 60 años.
Esta Ley garantiza los derechos de las personas adultas mayores consagrados en su artículo 5:
De la integridad, dignidad y preferencia.
De la certeza jurídica.
De la salud, la alimentación y la familia.
De la educación.
Del trabajo.
De la asistencia social.
De la participación.
De la denuncia popular.

Toda persona, grupo social, organizaciones no gubernamentales, asociaciones o sociedades, podrán denunciar ante la Autoridad, todo hecho, acto u omisión que produzca o pueda producir daño o afectación a los derechos de las personas adultas mayores.

El artículo 9 de la Ley Federal de los Derechos de las personas mayores, dispone que la familia de la persona adulta mayor deberá cumplir su función social; por tanto, de manera constante y permanente deberá velar por cada una de las personas adultas mayores que formen parte de ella, siendo responsable de proporcionar los satisfactores necesarios para su atención y desarrollo integral y tendrá las siguientes obligaciones para con ellos:

I. Otorgar alimentos de conformidad con lo establecido en el Código Civil;
II. Fomentar la convivencia familiar cotidiana, donde la persona adulta mayor participe activamente, y promover al mismo tiempo los valores que incidan en sus necesidades afectivas, de protección y de apoyo, y
III. Evitar que alguno de sus integrantes cometa cualquier acto de discriminación, abuso, explotación, aislamiento, violencia y actos jurídicos que pongan en riesgo su persona, bienes y derechos.

En el Estado de Nuevo León, La Ley de Protección del adulto mayor, en su artículo 7, nos menciona que el lugar idóneo para una persona adulta mayor es su hogar, sólo en caso de prescripción medica, decisión personal o la falta de condiciones propicias para su atención integral en el seno del hogar, su cónyuge, concubinario o familiares podrán solicitar su ingreso en alguna institución asistencial publica o privada dedicada al cuidado de las personas adultas mayores, lo que significa, que en ninguno de los casos, la familia podrá enviar a un asilo, a la persona adulta mayor , por mero gusto o por que ya le estorba en su domicilio o en el peor de los casos, para poder vender la casa materna, o la casa de los abuelos.

Es importante hacer conciencia de lo que estamos haciendo con nuestros ancianos, y pensar dos veces antes de ejercer algún acto de violencia en contra de ellos, ya sea abandonándolos o ejerciendo actos de violencia en su contra ya sea verbal, psicológica o física, pues se estará cometiendo un delito en su contra. Tenemos la obligación de velar por ellos, muy independientemente de ser o no ser sus familiares. Tengamos la cultura de la denuncia, ya sea que acudamos personalmente ante las Autoridades o marcar desde cualquier parte del País al teléfono 089. No permitamos se les dañe ya sea en nuestra propia familia o en la de otros. Hagamos por ellos, lo que nos gustaría que hicieran por nosotros, pues como se ven, un día nos veremos… y si bien nos va.

LIC. CLAUDIA LOZANO TORRES
ABOGADA LITIGANTE
MASTER EN DERECHO
TEL. 83440299