“Pero todo lo que hasta ahora consideraba una ganancia, lo tengo por pérdida, a causa de Cristo. Más aún, todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo y estar unido a él, no con mi propia justicia –la que procede de la Ley– sino con aquella que nace de la fe en Cristo, la que viene de Dios y se funda en la fe”. Filipenses 3, 7-10
“Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, la multitud estaba asombrada de su enseñanza, porque él les enseñaba como quien tiene autoridad y no como sus escribas”. Mateo 7, 28-29
Todo el mundo ha sido testigo de una manifestación tan grande de humildad en la Iglesia Católica: su líder y pastor supremo aquí en la Tierra, ha pedido en su primera aparición pública, que todos los fieles presentes en la Plaza del Vaticano oren por él, ya que la nueva cruz que llevará en sus hombros no será nada fácil cargarla.
Entonces su esposa le dijo: ¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete.
Job 2. 9
Soy un asiduo lector de libros de desarrollo personal y me encanta escuchar los programas de radio de este tipo. Con mucha frecuencia escucho a hombres y mujeres decir: “Es que no entiendo ¿Por qué Dios me manda esto?” o cosas como: “Dios aprieta pero no ahorca, nunca nos manda nada que no podamos enfrentar”. Y generalmente van seguidos de un: “Yo que soy bueno y trato de portarme bien y no le hago mal a nadie”. Incluso frases como: “Dios sabe porque hace las cosas”, y no me cabe duda que Él sabe porque hace las cosas que hace, sin embargo ¿quién me asegura que Él hace lo que pienso que hizo?
Escuché estas frases por un año entero de labios de mi madre cuando mi padre murió en un accidente.
Por: Padre Roberto Figueroa
“Abraham respondió, y dijo: He aquí, ahora me he atrevido a hablar al Señor, yo que soy polvo y ceniza”. Génesis 18, 27
Nada más triste que una mala noticia. Éstas, frustran hasta los momentos más especiales y significativos de la vida.
Por: Padre Roberto Figueroa
“Una generación se va y la otra viene, y la tierra siempre permanece. Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancarlo plantado; un tiempo para matar y un tiempo para curar, un tiempo para demoler y un tiempo para edificar; un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar; …. un tiempo de guerra y un tiempo de paz”. Eclesiastés 1 ,4 . 3, 1-8










