Así que quiero aunar un poco en el tema sobre que es lo que Dios nos manda, y lo quiero hacer desde los dos apasionantes puntos de vista del desarrollo personal y la exégesis bíblica. Ambos puntos de vista me encantan y creo que son necesarios para poder afrontar este tema.
No me gusta escribir sobre Dios porque es un tema que tiene mil diferentes creencias y como se trata precisamente de fe, se puede divergir en muchos puntos, y al ser un tema tan apasionante puede generar ciertos conflictos. Por lo anterior intentaré ser universal en los conceptos y si en algo no estamos de acuerdo usted y yo, amable lector, será seguro sólo un detalle.
¿Por qué me parece importante? Pudiéramos decir que cada quien es libre de pensar como quiera en este aspecto, pero yo creo que es necesario aclararlo. En situaciones difíciles hay dos formas de ver nuestra relación con Dios. La primera es verlo como aquel que me está apretando pero no me ahorca mucho, para probarme, para ver como respondo, para ver si tengo lo necesario. Eso implica que me las tengo que arreglar yo solo como pueda. La segunda es verlo como mi apoyo, mi fortaleza, mi sostén, mi vara, mi callado, el aliado fiel que a pesar de la adversidad está a mi lado y no me deja nunca; de modo que recurro a Él y entre los dos pasamos la adversidad ¿De qué manera te gustaría ver a Dios?
El caso Job.
Todos conocemos la historia de Job. Un buen hombre que es llevado por el diablo a la miseria y que se aferraba a la bondad de Dios y su justo juicio a pesar de todo.
Primero quiero aclarar que las sagradas escrituras no son un libro literal. Aquel que pretenda tomar la Biblia como un libro de historia o ciencia o literatura se va a equivocar y mucho. Porque pronto estará pensando que nos va a caer una plaga de langostas con garras de león y cara de mujer; aunque esa es otra historia.
El libro de Job es una novela con personajes ficticios que cuentan una historia que pretende dar una enseñanza e infundir ánimo y fuerzas a un pueblo. La historia narra como se encuentran Dios y el diablo e inician una charla sobre Job. Dios alaba la justicia y santidad de Job mientras el diablo reta a Dios diciendo que si Job no fuera tan bendecido seguro no sería como es. Así pues, Dios permite que el diablo tome las pertenencias, la familia y la salud de Job en sus manos y el Diablo prueba a Job. Todo esto lo aceptó Job de buena gana y en todo momento jamás pecó.
Por lo que comento anteriormente nada de esto pasó en realidad, Dios no se junta a charlar con el diablo sobre la santidad de su pueblo. Pero en esta enseñanza se recalca que Dios permite el accionar del diablo en el mundo, el accionar del mal. El porque lo permite es un tema apasionante y muy largo que escapa de la finalidad de este artículo. Baste decir que es para que podamos tener libre albedrío como se habla más delante. También hay que resaltar que es el diablo quien envía las pruebas, quien hace las cosas malas. De acuerdo a la doctrina de la creación, en el principio vivíamos en el paraíso, fue por el pecado (la serpiente) por quien entró el sufrimiento y todo lo malo en nuestra vida.
Finalmente después de todo lo que Job padeció, se mantuvo siempre fiel a Dios, Él fue su ayuda y su soporte y regresó la prosperidad a su vida y fue bendecido incluso mucho más que antes de las pruebas del mal.
La ley de la atracción.
Mucho se ha hablado sobre la ley de la atracción. Cuando tú declaras algo lo conviertes en verdad. “La verdad no es otra cosa sino la percepción que cada uno tiene de la realidad”. A mí me pareciera que tal cosa como la verdad sólo existe en Dios y en ningún otro sitio; por lo que nuestros pensamientos son lo que se vuelve la realidad de nuestra vida.
Es una de las leyes del Universo. Lo que declaramos es aquello que atraemos a nuestra vida y funciona en los dos sentidos, tanto positivo como negativo. Si yo declaro constantemente que soy pobre y el dinero no me alcanza así será; si declaro que soy rico y que vivo en la abundancia atraeré el dinero y así será. Por otra parte si declaro que Dios me manda pruebas difíciles, esa será mi verdad.
Dios solo hace cosas buenas.
“Porque no hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni a la inversa, árbol malo que produzca frutos buenos” Lucas 6. 43
Sabemos que Dios es Amor, Omnisciente, Omnipresente, que envió a su hijo que no tenía pecado a padecer y morir por nosotros para que seamos hallados dignos de estar en su presencia y tener entrada al Reino de Dios.
Siendo esto nuestra “verdad”, es absurdo pensar que Dios nos mande pruebas como la muerte de un ser querido, la pobreza, la depresión, una discapacidad, etc.
Después de enviar a su Hijo a padecer por nuestros pecados ¿no es más lógico pensar que a Dios le gustaría que viviéramos en la Gloria? A pesar de estar en este mundo imperfecto, Dios quiere que vivamos bien, que seamos felices, que estemos en la luz. ¿Cómo pues nos mandaría algo que nos hiciera sufrir?
Todo depende del cristal con que se vea.
La perspectiva con la que vemos las cosas nos hace que en ocasiones sean buenas las cosas malas y sean malas las cosas buenas. Cuando muere un ser querido generalmente nos invade un sentimiento de tristeza e impotencia, eso es normal.
El papa Juan Pablo II al morir, despertó este sentimiento en mucha gente; sin embargo uno de los cardenales al anunciar su muerte comentó: “Dios ha susurrado a su oído y le pidió que se uniera con Él en el Cielo” . ¡Wow que cambio de perspectiva! Yo también quiero… digo no morirme, pero si estar en el Cielo hoy. El hecho es el mismo. La forma de verlo es diametralmente distinta.
Hay una historia popular donde nos habla de la suerte. Cuenta que un hombre tenía muchos caballos recién llegados a su establo y alguien le dijo: “Que buena suerte llegaron muchos caballos a tu establo” él sabiamente les respondía: “buena suerte, mala suerte… quien sabe”. Pasaron los días y su hijo mayor tratando de domar uno de los potros cayó y se rompió un brazo, “que mala suerte” le decían al buen hombre; “buena suerte, mala suerte… quien sabe”. De pronto el país en donde vivían entró a la guerra y el ejército reclutó a todos los jóvenes, pero el hijo de aquel hombre no fue llamado a enlistarse por su fractura de brazo. “Qué buena suerte”. La historia sigue.
No conocemos el final de ninguna historia.
Así pues depende de nosotros como vemos las cosas; y como dice el Dr. César Lozano, no es lo que te pasa sino como reaccionas a lo que te pasa.
[1] Extraído del libro “God is a salesman” de Mark Stevens
Creer en un Dios obsesivo y controlador y un destino ya escrito no ayuda. Me quebré el pie… ¿Por qué Dios me manda esto?, me dejó mi novio… ¿Por qué Dios?, se murió mi marido de 105 años… ¿Por qué Dios? La verdad es que Él no revisa la vida de cada uno de nosotros elucubrando que es lo que nos sigue. No somos sus marionetas. No es así.
El Señor en un principio creó a Adán y Eva y los puso en el jardín del Edén, con una sola regla, no había más normas que seguir y eran ellos dos quienes decidían por su destino, ellos decidieron desobedecer, nadie se los impuso, ni siquiera la serpiente. Esa es la base del libre albedrío que Dios nos da. Así leemos en Eclesiástico 15. 14-17 “Él hizo al hombre en el principio y lo dejó librado a su propio albedrío. Si quieres, puedes observar los mandamientos y cumplir fielmente lo que le agrada. Él puso ante ti el fuego y el agua: hacia lo que quieras, extenderás tu mano. Ante los hombres están la vida y la muerte: a cada uno se le dará lo que prefiera”.
Dios puso las reglas del Universo, la gravedad, los principios físicos, incluso las leyes de la atracción, de causa y efecto, de probabilidad. Nosotros decidimos que tomamos de cada una. Vivimos en un mundo imperfecto, es posible que nos pasen cosas malas y muy malas, todo es posible. Pero nadie nos lo manda. Los únicos que tenemos poder sobre nuestra vida somos nosotros mismos. Dios tendrá su momento en el juicio, pero no es ahora.
Bien, la misma pregunta que hice al principio; ¿Cómo quieres ver a Dios? ¿Cómo la mano que te aprieta sin ahorcarte hasta la muerte, o como el Salvador, fiel y todo Amor que te acompaña a cada paso de tu andar?
Ese es el libre albedrío, cada quien lo decide.
Muchos Saludos.
Arturo Avendaño.
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