El miedo está por todas partes y se manifiesta de muchas maneras: miedo a salir a la calle, miedo de morir, de tomar decisiones importantes en la vida, etc. En fin, el miedo muchas veces va siendo el factor más importante en el que nos movemos por los diferentes caminos...
“Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque Tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan” Salmo 23 (22).
Estamos viviendo tiempos difíciles donde el narcotráfico, la crisis económica y las enfermedades epidémicas, están haciendo de nuestra gente y nuestro pueblo, una nación debilitada.
El miedo, cunde por todos lados, la inseguridad está alcanzando niveles nunca antes vistos y el clima que se genera es cada vez más oscuro y desalentador.
A esto le sumamos que en los programas de televisión de índole “cultural” se nos habla de fin del mundo, destrucción, profecías que marcan el 2012 como algo terrible para nuestro planeta.
El miedo está por todas partes y se manifiesta de muchas maneras: miedo a salir a la calle, miedo de morir, de tomar decisiones importantes en la vida, etc. En fin, el miedo muchas veces va siendo el factor más importante en el que nos movemos por los diferentes caminos.
El miedo por lo general paraliza a la persona y le impide alcanzar metas, caminar con tranquilidad y conservar tanto la paz como la alegría en el corazón.
El problema en que le tenemos miedo a casi todas las cosas. Todos en alguna ocasión nos hemos congelado por una situación que nos rebasó. ¿Será entonces que no hay respuesta a todo esto?, ¿Estamos condenados a la resignación y al fracaso?, ¿Habrá alguna esperanza para el hombre y la mujer de hoy?.
Jesús, el hombre más grande de la historia, por increíble que nos parezca también tuvo miedo y lo experimentó con toda su fuerza. Como verdadero hombre experimentó todo lo que forma parte de nuestra vida, menos el pecado. Por eso hizo del miedo también su experiencia. La diferencia entre Jesús y nosotros, es que él enfrentó sus miedos con valentía y los venció contundentemente y al hacerlo nos enseñó a todos a vencer los nuestros.
Uno a uno fueron cayendo todos los miedos, hasta el último, el miedo a la muerte. Jesús enfrentó la muerte con determinación y plena conciencia. Aún y cuando sabía lo que le iba a suceder no se echó para atrás porque bien sabía que para esto también había un propósito. Él no murió por morir, sino que a su muerte le dio todo un sentido. Y esa entrega generosa, ese abandono total y ese sacrificio tan increíble no podía ser en vano. Por eso la muerte no podía triunfar sobre Él. Al resucitar de entre los muertos Jesús ha vencido de una vez y para siempre a la muerte y su victoria es ahora nuestra victoria. “¿Dónde está muerte tu victoria? ¿dónde está muerte tu aguijón?” dirá san Pablo.
En el Evangelio vemos constantemente a Jesús recriminándole a sus apóstoles por perder la fe a causa del miedo. “¡No tengo miedo!” resonaba constantemente en los labios de Jesús, “¡tengan fe!” les decía una y otra vez. Jesús sabía que el miedo paraliza e impide lograr sueños, ilusiones e ideales.
Ciertamente que tener miedo no depende de nosotros, lo que sí depende es no dejarnos ganar por él. Podemos poner todo nuestro esfuerzo para vencerlo y ser más grande que cualquier cosa que se nos presente, si realmente lo queremos.
Jesús, con su manera de vivir nos enseñó a vencerlo. ¿Qué es lo que debemos hacer? lo primero es confiar en Dios, porque Él es infinitamente más grande que la suma de todos los miedos. Por eso dice San Pablo: “Todo le puedo en Aquel que me conforta”. Todo es posible para el que tiene fe.
Lo segundo es tener confianza en uno mismo. Es común escuchar de Jesús después de un milagro: “Tu fe te ha salvado”. Para el Señor es muy importante nuestra actitud. Si reina el pesimismo la incredulidad será prácticamente imposible que se haga el milagro o que suceda lo que nosotros esperamos. Es importante mantener una actitud positiva y optimista.
Y tercero: tener esperanza. El hombre de hoy debe ser un hombre de esperanza, porque eso es lo que le da un motivo y una orientación a nuestra vida. La esperanza es como el timón de un barco porque le da rumbo y dirección a nuestra travesía para llegar a buenos puertos. La esperanza alienta nuestro camino y pone alegría en nuestro andar.
Una persona con esperanza también sabe ver los obstáculos y dificultades, no se ciega ni los niega, pero los enfrenta con otra disposición; antes de encararlos ya los venció por tener esta virtud.
¡Qué tal si a la esperanza le agregamos amor!, con mayor razón saldríamos victoriosos. Bien dice el apóstol San Juan en una de sus cartas: “el amor elimina el temor”, porque el amor es capaz de vencerlo todo: “el amor todo lo puede, todo lo soporta, todo lo cree…el amor nunca pasará” 1Cor. 13
No hay que dejarnos llevar por el pesimismo. Ser pesimista es no ser objetivo ni realista porque todo se inclina hacia lo negativo.
Hay que ser realistas y no tapar el sol con un dedo, pero esa realidad hay que verla y tratarla con fe, esperanza y amor. Así el miedo que están tratando de introducir en la sociedad sea vencido por cada uno de nosotros.
Con la fuerza de Dios y con las armas que Él nos ha dado venceremos fácilmente. “¡Animo, no teman Soy yo!” nos dice Jesús a todos.
¡NO TENGAS MIEDO, SÉ VALIENTE, SÉ FIELZ!
Nos interesa tu comentarios sobre este articulo (12)
MIEDO ANSIEDAD NERVIOS TRAUMAS
NO TENGAN MIEDO
EL MIEDO
Gracias por compartir
mil gracias y que Dios lo llene de bendiciones a usted y su familia
Laura.
ANSIEDAD.. MIEDO.. STRESS
miedo
paralizaba hoy cuando leo tus reflexiones me das las herramientas que necesito para confirmar que mi nueva actitud va por buen camino gracias dr.
Miedo, ansiedad y stress
miedos,ansiedad y stress
miedos,ansiedad y stress
MIEDO
no permitas que nadie controle tu vida
no tengan miedo
v














