Si quieres vivir tranquilo no te compliques la vida que de por sí ya es complicada. Si tienes algo en mente que piensas que no tiene solución, ¿para qué te preocupas? Mejor ocúpate en lo que sí puedes resolver y poner en marcha. Si lo que te aqueja tiene solución pero te desesperas porque no llega ¿para qué te preocupas? Espera que se resuelva. Dios pone el plazo que más te conviene.